martes, 4 de agosto de 2009

So fine parte II

Siempre después de terminar una relación o cuando me la terminan (que también se da el caso), mi patrón de conducta a seguir es el alejamiento, alejamiento literal, me desaparezco completamente de la vida de la persona. No hago llamadas a altas horas de la noche, para ser más exacta a ninguna hora, no mensajes ni aunque sea navidad o cumpleaños, no paso por la calle donde vive aunque esto altere mi ruta diaria, no voy a los bares ni lugares que le gustan ó que se que frecuenta, incluso me alejo de la gente que tenga contacto con el. No es que me esconda, digo si por algo me lo encuentro en algún lugar cualquiera por casualidad, soy la primera en acercarme y saludarlo, porque una cosa es que quiera tomarme tiempo para calmar los ardores y otra que finja que no sucedió nada entre nosotros, al grado de pretender que nunca existió en mi vida, que nunca fue parte de ella. Y esta actitud, buena o mala asta cierto punto me ha funcionado, porque después de pasar tiempo distanciada, después de que ya esta más que bien entendido y digerido el asunto, reconstruyo los pedazos en que me partí, regreso a esos lugares que él frecuenta si es que me da la gana, a esa ruta, ha esas llamadas o mensajes de cortesía, si la ocasión lo amerita. ¿Por qué?? Porque simplemente lo que le daba sentido para ese entonces ya desapareció.

Esta conducta obviamente ha provocado varios comentarios por parte de los afectados y personas alrededor. “Le ha dolido tanto la separación que no puede soportar la idea de verlo”… si en realidad eso es, “Es una mujer egoista a la que no le importa nada más que ella… si en realidad eso también es.

Y solamente así, después de todo eso, es que puedo quedar en santa paz, como “amigos”. A lo mejor no como esos amigos que se frecuentan, que parrandean juntos, que se mandan regalitos en Navidad, que se cuentan todas sus penas e inquietudes, gracias y desgracias. Pero si como esos amigos que si se encuentran en el bar, en la calle, ó en la fila de las tortillas se saludan con cariño y respeto, que incluso aprovechando el encuentro se sientan juntos a tomar una tasa de café para actualizarse con respecto a su vidas, de esos amigos que aunque saben que ya no comparten entre ellos sus vidas, se desean mutuamente lo mejor, de esos amigos que aunque no estén cerca si se llegan necesitar ahí estarán para ayudarse o para festejar juntos, en salud de lo que fue.

Pero al tratarse de ti, las cosas no me han resultado tal como yo esperaba, han pasado tres años ya de lo nuestro y todavía evito encontrarme contigo, no contesto tus llamadas o mensajes, no respondo a las invitaciones, si bien tenemos amigos en común y eso a provocado que inevitablemente nos encontremos, todavía no puedo hablarte de mi, no puedo saber de ti. La única forma en que directamente te he aceptado un encuentro ha sido por trabajo, por negocio, y más que nada porque me has necesitado, ya que a pesar de que yo todavía no pueda verte, si realmente lo requieres estaré ahí para ti.


Muchas felicidades por tu cumpleaños, agradezco la invitación a tu fiesta, y una disculpa que no pueda asistir a tan esperado festejo, te deseo lo mejor y que cumplas muchos años más…. Y si cuando gustes puedes retomar tu tratamiento, sabes que las puertas del consultorio están abiertas para ti.”